En 1957 como refleja la noticia, la Avenida de la Luz se encuentra en su máximo esplendor, la organización de eventos y exposiciones es algo común en el recinto. “El público que concurre a la exposición son caballeros formales que no están para juegos. Algún nieto acompaña a su abuelo” comenta la publicación de La Vanguardia del 23 de Julio de 1957. Los ciudadanos se animan a participar y la Avenida está concurrida, llena de actividad y de comercios en su máximo explendor. Todo es nuevo y novedoso y los ciudadanos de Barcelona están espectantes ante la repercusión del gran proyecto de la Ciudad de la Luz y lo que les espera por ver, ya que la Avenida es la punta del iceberg de un proyecto ambicioso y desmesurado que simulará una ciudad subterránea modélica y de referencia para el resto del mundo.

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