“Tenía que ser una de las joyas de Barcelona. La ciudad subterránea; la calle de la tranquilidad bajo el bullicio del centro de la urbe.”. Así comenzaba el artículo que se publicaba en La Vanguardia el día 21 de Mayo de 1990. La Avenida de la Luz había llegado a su fín. Tan sólo quedaban algunos comercios con los que faltaban de pactar las indemnizaciones pertinentes para el cierre. Lo que iba a ser un proyecto de renombre se convertía en morada de indigentes y miserias humanas.
Tras varios intentos de rehabilitación y recuperación del recinto, otro proyecto en la parte exterior fue aprobado y en este no había cabida para la Avenida.

En 1988, como refleja la prensa local, la Avenida de la luz esta imbuida en una decadente situación de la cual tendrá muchas dificultades para volverse a recuperar, si lo logra.

“Els establiments que encara hi sobreviuen no revelen cap síntoma de prosperitat. Pocs clients, gairabé sempre els mateixos “, poc volom de negoci son les principals característiques de les botigues de l´Avinguda de la Llum. Tot u això, els deu bars, la sala de cinema pornogràfic i els billars són els negocis que es reparteixen la major part del reduït públic.”